• UNA PRESENCIA QUE PERMANECE

    Queridos Cohermanos, Hermanas y Laicos,

     

     Los saludo afectuosamente en el día en que festejamos a nuestro Santo Fundador. Me sirvo de unos pensamientos del P. Marcos Grega, Superior Provincial de la Provincia Sagrado Corazón, para tejer una reflexión que nos ayude a reavivar el don que hemos recibido, como compromiso de fidelidad y regalo para nuestro Padre, en su día.

     

     Cuando celebramos a Don Guanella, pensamos en su Obra esparcida por todo el mundo y  ponemos en evidencia los trabajos que llevamos adelante con alegría y sacrificio, en la realidad histórica y cultural que nos toca vivir; en este solemne día guanelliano,  auguramos que crezca y se desarrolle su Obra, haciendo un poco de bien a los hermanos más pobres, y deseamos que permanezca a lo largo de los años para el crecimiento y santificación del Pueblo de Dios. Sin embargo, podríamos esquivar un compromiso y  afirmar que el futuro de la Obra guanelliana le corresponde a Dios, es su problema, porque Él nos suscitó para la riqueza de la Iglesia y al servicio del mundo.

     

     Tenemos que asumir que es nuestro problema y compromiso:  se trata nada menos que de la fidelidad y la autenticidad con las que vivimos el don que se nos ha dado; es lógico que cada uno debe hacer su propia parte, dejando a Dios lo que es de Dios; suya es la libertad de suscitar y llevar a cumplimiento sus dones, mientras nuestra es la responsabilidad de vivir en plenitud lo que Él nos donó con una hermosa vocación y nos llama a actuarlo con intensidad y alegría. Podemos preocuparnos menos por el futuro y las estrategias para garantizarlo, porque debemos estar decididamente más inquietos y concentrados en mantener alto nuestro grado de autenticidad para vivir el carisma recibido, en nuestro presente, en el hoy de la Iglesia y del mundo.

     

     El Padre Marcos nos recuerda el título elegido para el Congreso del Centenario Guanelliano, “Luis Guanella 2015. Una presencia que permanece”, para subrayar la forma cristiana de “permanecer”, porque es sólo ésta la que puede orientar nuestra reflexión sobre el futuro de la obra guanelliana, librándonos de la peligrosa ansia de las estrategias de prolongación y de conservación, especialmente cuando se trata de las estructuras. Recuerda al Papa Francisco que hizo famosa una cita del músico Gustav  Mahler (1860-1911): “La tradición es el cuidado del fuego, no la adoración de las cenizas”, que se refiere brillantemente a la inconsistencia de las formas paganas de una permanencia falsamente ligada a resultados y obras: más estos son evidentes, pesados y anticuados, más alimentan la ilusión distorsionada de un permanecer.

     

     La frase, varias veces pronunciada por el Papa Francisco, se dirige a nosotros los consagrados y laicos en relación a nuestros fundadores, y se refiere a la necesidad de una experiencia auténtica, capaz de tener vivo o volver a encender el fuego de los comienzos, una experiencia tan intensa que produce nuevamente calor y lo expande. Es solamente esta experiencia existencial, nos recuerda el Papa Francisco, la que genera vida y entonces garantiza un futuro. De esta manera permanece Don Guanella entre nosotros.

     

     El carisma existe sólo si es personalizado y encarnado en un sujeto, en una persona, de manera que en su realidad histórica, aún con todos sus límites y condicionamientos, se transforma en un acontecimiento salvífico de Dios para el mundo. En esta línea podemos afirmar que la transmisión de un carisma es de por sí de naturaleza carismática y no depende simplemente de estructuras institucionales. El carisma y su acción, no pueden entonces ser casi mágicamente referidos a edificios o estructuras, con la ilusión de que sea cuidado y protegido, transmitido y actualizado, sino es inexorablemente responsabilidad de los religiosos y laicos, que hacen de él una experiencia viva.

     

     Como aconteció en el Fundador, porque el carisma no fue sólo una espiritualidad o la realización de algunas obras, sino la totalidad de su modo de ser y de obrar en la fe, así también el carisma revive y se regenera sólo si es un modo de ser y de obrar en nosotros como hijos e hijas de un Fundador, y en todos los que acogen la riqueza carismática.

     

     Don Guanella muestra la perspectiva en la cual el Instituto “puede ser providencial en nuestros tiempos”: exhorta renovar el mundo con el fuego de la caridad, ser instrumento al servicio de la difusión de la “Divina Caridad” en el mundo. Él desea que los Siervos de la Caridad, las Hermanas y los Laicos,  entiendan bien esto y pongan mano firme y diestra incansable para promover el reino de la caridad.

     

     Don Guanella nos pide a todos firmeza, dedicación incansable, para mantener la naturaleza evangelizadora de su obra.

     

     ¿Qué regalo le podemos hacer a nuestro Padre Fundador en el día de su Fiesta, y en el Año de la Misericordia?:

     

     Fortalecer nuestra fidelidad haciendo más visible el testimonio de caridad misericordiosa en lo personal y comunitario, con nuestra respuesta más clara y convincente, en un lindo ambiente de Familia y unidos por el Vínculo de Caridad.

     

     ¡Feliz día de nuestro Santo Fundador, Don Luis Guanella!

     

    Que su bendición llegue con fuerza a todos los rincones del mundo donde palpita el corazón de un guanelliano, de una guanelliana y de sus benjamines, los bienaventurados del Evangelio.

     

     

    P. Carlos Blanchoud

    Padre Provincial

    Lunes 24 de octubre de 2016

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