JESÚS ABRIÓ SU SAGRADO COSTADO Y TE HIZO CONTEMPLAR SU DIVINO CORAZÓN

En este mes de junio celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la fiesta de Familia más grande -aunque caiga en viernes- la que nos fortalece en la identidad guanelliana, para ir con decisión y alegría hacia los desafíos de la interculturalidad.

Es el pálpito de estos meses que nos separan del próximo XX Capítulo general de los Siervos de la Caridad y de los Capítulos provinciales que lo precederán. ¿De dónde nos viene la vitalidad, la fibra familiar, la raíz del árbol genealógico de nuestra Familia Guanelliana? Del Corazón de Jesús que nos enseña a salir siempre al encuentro de los demás, con un “corazón de oro”, capaz de acogida sincera y universal del prójimo, sensible a las necesidades de los demás, generoso y dispuesto a ayudar a los otros (cfr. PEG, pág. 34)

Por eso, esta oportunidad de estrecharnos junto al Divino Corazón, nos hace tomar conciencia de la roca de la cual fuimos tallados y la cantera de donde fuimos excavados. Se conforma así la sólida identidad que nos permite evitar relativismos y sincretismos, y realmente ser fieles en nuestra misión profética de testimonio y anuncio de la caridad misericordiosa. Por nuestro nombre y fibra de guanellianos/as, no tenemos temor de dialogar y compartir la solidaridad con personas que no tienen la misma formación que nosotros, pero que tienen sus propios valores, porque el amor es la clave para un encuentro que promueve la dignidad de la personas y abre sus corazones al amor fraterno.

El Corazón de Cristo late hoy al unísono con el corazón de cada guanelliano/a que se compromete en serio y entrega su vida al servicio de los pobres, no solamente en palabras y discursos, sino tocando la carne sufriente de los que la Providencia nos ha confiado.

Es hermoso ver cuando los Siervos de la Caridad forman un solo equipo con las Hermanas y los Laicos comprometidos y corresponsables, para llevar el mensaje del amor de Jesús a todos, superando las barreras que pueden surgir de las diversas culturas o creencias. Son hechos concretos los de la Familia guanelliana, porque la gente hoy está cansada de palabras y promesas; nuestras Obras, Parroquias, Techos fraternos y otras iniciativas, con sus limitaciones y fragilidades, son capaces de dar un impulso al encuentro entre las personas y encender la llama de la solidaridad para con los más necesitados y olvidados de nuestra sociedad. Somos parte de la Santa Madre Iglesia, y con Ella, como un faro, iluminamos el camino para que la humanidad se dirija al puerto seguro de la paz y la concordia.

El Corazón de Cristo se nos presenta ardiendo con un fuego de amor y coronado de espinas. Así también Él nos contagia con su amor infinito y nos ofrece la corona de espinas del sufrimiento, en nuestro acto de servicio humilde a los hermanos, con el diálogo y la hospitalidad, abriendo nuestro corazón a todos y aceptándolos como don del Señor y causa de nuestro servicio.

Nos escribe Don Guanella: “Lo que tanto desea el Señor es tu corazón. Para entrar en la casa de tu corazón, bajó del Cielo a la tierra y se mostró revestido de humana carne en Belén, en Nazaret, en Jerusalén, esmerándose siempre en sacrificados viajes, hasta que, no encontrándote aún, subió al Calvario. Allá arriba gimió con suspiros de agonía para llamarte, y para mostrar su gran amor abrió su sagrado costado y te hizo contemplar su divino corazón” (Andiamo al Padre, Scritti, Vol. III, pág.134)

El amor a Jesús y el ejemplo de Don Guanella, nos mueven con fuerza a salir al encuentro de los demás. Nuestro Fundador se preocupó mucho por los problemas y sufrimientos de la gente, no se quedó en la comodidad y la autoreferencia, sino que con gran impulso misionero respondió, con iniciativas nuevas y valientes, a las exigencias de las periferias de la pobreza y marginación.

Don Guanella nos enseña que el Corazón abierto de Jesús es la única fuente y la raíz de nuestra caridad, en una sociedad hoy caracterizada por la presencia de diversas culturas y creencias, que la globalización contribuye a entretejer y entremezclar. Pero, así como encontramos nuevos tesoros y valores, también nos enfrentamos con nuevas problemáticas y pobrezas, más sutiles y difíciles de individualizar y aliviar.

El Papa Francisco nos llama constantemente a favorecer la cultura del encuentro y del amor solidario, a ejemplo de Jesús que vino a esta tierra para ser solidario con las miserias humanas y proclamar el mandamiento del Amor, hasta el punto de sufrir la Pasión como supremo acto de entrega y servicio; el “Logos” hecho carne que habitó entre nosotros, dialogó en Palestina con sus conciudadanos y dialoga resucitado y vivo hoy en medio nuestro, que somos su Pueblo. Hay una frase famosa: “Dios pasa a través de las heridas”, heridas aceptadas en nombre del diálogo, palabra clave de la interculturalidad y la construcción de la civilización del amor, que expresa la caridad de Cristo.

El Corazón abierto de Jesús nos enseña a tener una permanente actitud de apertura y acogida hacia los otros, que siempre son un don y no una molestia. La Congregación de los Siervos de la Caridad, que se prepara para celebrar su XX Capítulo general, nos invita a formarnos como “personas interculturales”, no sólo porque es un desafío actual, sino porque somos por vocación “relación”, “diálogo” y “encuentro”, a causa del Vínculo de Caridad, heredado de nuestro Padre Fundador.

Don Guanella tuvo el don de una caridad eximia, y justamente la caridad fue el camino especial para el ejercicio del diálogo. La caridad, que todo cubre, todo espera, todo soporta, todo perdona, que no se irrita nunca ni se jacta, lo transformaba en un experto consejero y un gran consolador de los afligidos. Hace falta mucha humildad y reconocer que se necesita del otro, de sus ideas, experiencias y distintos puntos de vista.

No basta la boca para dialogar, se necesita una verdadera y profunda capacidad de escuchar al otro, de buscar y aprender juntos, de lo contrario uno queda “subdesarrollado” intelectualmente y espiritualmente.

Termino con un pensamiento del Proyecto Educativo Guanelliano: “Queremos responder a las llamadas de la Iglesia y a las necesidades de concordia y paz que tiene el mundo de hoy, a través de la difusión de una mentalidad social en la cual los hombres y los pueblos se reconozcan no sólo iguales, sino también hermanos, por encima de las diferencias sociales, raciales y culturales” (Pág. 37)

“In Omnibus Charitas”, “En todo, la Caridad”.

Este lema tradicional de nuestra Familia ilumina el lema del próximo XX

Capítulo general: “Carisma, interculturalidad y profecía”.

P. Carlos Blanchoud

Padre Provincial

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús 23 de junio de 2017