UNA MADRE QUE NOS ENSEÑA A SERVIR

Un hecho muy hermoso, narrado en los Evangelios, puede ser visto con una mirada guanelliana, celebrando la especial solemnidad de María Santísima, Madre de la Divina Providencia, tan querida por nuestro santo Fundador Don Guanella y por toda nuestra gran Familia.

Entre los papeles de la formación permanente, hay unas hermosas expresiones. Las Bodas de Caná (Jn. 2,1 -2), que leemos en la Liturgia de la Palabra de la Misa de la Madre de la Divina Providencia, es el Evangelio que el guanelliano/a debe tomar como ejemplo de servicio y de confianza en la Providencia de Dios.

La escena que se narra es muy conocida. Se desarrolla en Caná de Galilea. Se celebra una fiesta nupcial a la cual fueron invitados María y Jesús, con sus discípulos.

¡A un cierto punto falta el vino!.

Frente a esta situación de gran angustia para esa familia, María expone la necesidad a Jesús. Es una voz maternal de esperanza y de confianza, que pide ayuda.

El milagro de Caná es el milagro de la sensibilidad, de la delicadeza, de la ternura.

Es el milagro de la TERNURA DE DIOS, a través de de los ojos, del corazón, de la inteligencia y de las palabras de María: “No tienen más vino….hagan lo que él les dirá”. María es la mujer por excelencia que se da cuenta de lo que falta. Es la MADRE capaz de VER.

Primeramente es cuestión de una mirada, porque María es una mujer que tiene una visión femenina en los asuntos de la casa, y ve en seguida lo que hace falta. Esta particularidad distinguirá siempre a María: en la casa de la cristiandad, en el Pueblo de Dios, se dará cuenta siempre de las necesidades y su rol siempre será el de dar a conocer a su Hijo Jesús lo que su vista materna ha descubierto: “No tienen más vino”, no hay más alegría.

María es la mujer que con una rápida mirada ve lo que falta en la fiesta y se ocupa de buscar una solución. Simplemente ve lo que falta y con sencillez intercede y pide. Esta atención que se anticipa y provee, que es providente, será siempre la característica de la Madre de Jesús.

María se anticipa. Se da cuenta de un hecho angustioso, que ninguno de los invitados ha notado: falta el vino. María ve más allá de su plato. Ve más allá, sin egoísmo. Su mirada es circular, amplia, completa, lo abraza todo, sin dejar de lado ningún detalle. Ve todo y no olvida lo particular. Sabe mirar más allá, precede, es Madre de Providencia.

La Madre de la Divina Providencia fue la Virgen de los años maduros de San Luis Guanella; imagen venerada en un cuadro de la Iglesia de San Carlos “ai Catinari” en Roma. Nuestro Fundador contempla esa imagen y la describe de esta manera: “La Madre de la Divina Providencia abraza a su divino Hijo envuelto en un amplio manto, se lo aprieta amorosamente a su corazón y lo contempla con dos admirados ojos, por la divina alegría que la inunda, casi diciendo: yo abrazo a la Divina Providencia, la cual se sirve de mi como humilde esclava, para que dé alimento y protección a este celestial Infante, que es la Divina Providencia encarnada. La Bienaventurada Virgen de la Divina Providencia es la queridísima madre que se goza de ser llamada con este nombre para ser más solícita en venir en nuestro auxilio. Qué consuelo, en medio de las tribulaciones de la vida, tener a quien recurrir, y dirigirse a la gran Virgen de la Divina Providencia. En las muchas obras de la Pequeña Casa, nuestra común madre María Santísima es venerada bajo esta advocación de Madre de la Divina Providencia. Y no es raro que también en forma sensible la Virgen Santa muestre la eficacia de su protección, y así nosotros gozamos al presentarnos ante su imagen de la Divina Providencia para invocarla por nosotros y por todas las necesidades que nos rodean. La Virgen de la Divina Providencia mire siempre con benevolencia a la Pequeña Casa, mire con amor a todos nuestros cooperadores y bienhechores” (Proceso apostólico de beatificación, M. Cugnasca, Roma 1989)

Vemos aquí una muy rica teología mariana. A partir de esta advocación, podemos entrar en la profundidad del misterio del Amor de Dios. Sentimos los términos de ternura y Providencia, de generosidad, de cercanía y auxilio, de amor materno para con el Hijo al cual se dona, socorre, alimenta, protege. Es su divino Niño Jesús.

En el Documento de Puebla leemos: “Se trata de una presencia femenina que crea el ambiente familiar, la voluntad de acogida, el amor y el respeto por la vida. Es presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios. Es una realidad tan profundamente humana y santa, que suscita en los creyentes las plegarias de la ternura, del dolor y de esperanza… María no sólo vela por la Iglesia. Ella tiene un corazón tan grande como el mundo, e implora ante el Señor de la historia por todos los pueblos. Esto lo registra la piedad popular que encomienda a María, como Reina maternal, el destino de nuestras naciones” (nn. 289.291)

“La Providencia -como dice Don Guanella- es semejante al sol, el cual está arriba en el cielo y mientras tanto manda su luz y su calor tanto al monte como al valle, a las rocas como al mar, y mira a todos al mismo tiempo y dirige sus rayos a ti, como si no tuviese que proveer a otro más que a ti. Por eso, así como en todo rincón de la tierra ilumina el sol, así debes recordar que en todas partes del mundo, el Señor, desde lo alto, te contempla para socorrerte” (SpC Vamos al Padre, pág. 126)

En este proyecto divino de Providencia, admiramos la gracia, la bondad, la gentileza del genio femenino y materno: La Virgen Santa, la Madre de Dios, medianera de las gracias, sonrisa y caricia de caridad, garantía de misericordia para con los hijos más atribulados. Ella se declara patrona de esta gran familia de religiosos, laicos y pobres (nuestros patroncitos), que viven serenos y felices en las casas de Don Guanella.

Queda claro que la advocación de la Madre de la Divina Providencia se fundamenta sobre dos verdades de nuestra fe: la Providencia Divina, omnipotente, bondadosa y paterna de Dios, y la Maternidad de la Virgen María Madre de Dios, a la cual el Señor se confía, en la encarnación, como niño necesitado de todo, de afecto, de protección, de desarrollo y de educación. Como Jesús en los brazos de María, también Ella es grande por su mediación y oración; así también la Obra Don Guanella se pone en los brazos de la Madre de la Iglesia y de todos los cristianos, especialmente de los más pobres y abandonados. En una de sus cartas, exhorta Don Guanella: “Amemos mucho a nuestra Madre de la Divina Providencia. Amemos a María y a todos hablemos de María, porque ella es reina de los sacerdotes, es madre de todos, y es puerta para llegar a la gracia del divino Hijo Jesús” (SpC pág. 1389 -25.IV.1911)

Nuestro Proyecto Educativo afirma: “Bajo el ejemplo de María, Madre de la Divina Providencia, manifestamos, con nuestro proyecto de caridad, el amor misericordioso del Padre y testimoniamos a Jesús, que pasó sanando a los enfermos y haciendo el bien a todos, y entregó su vida para reconciliar a los hombre entre sí y con Dios" (PEG, 1).

Nos dice Don Guanella en uno de sus Reglamentos: “Después del Corazón de Jesús, ustedes deben confiar en el Corazón inmaculado de la Virgen, Madre de la Providencia, que es vuestra dulce María auxiliadora y de todo el pueblo cristiano” (R1911). El Corazón de María es un inmenso corazón de Madre. ¿Se olvida, acaso, una madre de su hijito, fruto de sus entrañas?... Yo no te olvidaré nunca” (Is. 49,15).

Con esta alegría y confianza, les auguro una feliz Solemnidad de Nuestra Señora, Madre de la Divina Providencia.

P. Carlos Blanchoud

Padre Provincial

Domingo 12 de noviembre de 2017