• Como hierro incandescente que no se distingue del fuego

    Con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, saludo y felicito a todos los cohermanos de la querida Provincia Cruz del Sur. En este glorioso día para la Congregación de los Siervos de la Caridad, nos sentimos más unidos por la vocación guanelliana, los Votos religiosos y el vínculo de caridad que debe reinar siempre en nuestras comunidades.

     

    Nuestro santo Fundador Don Luis Guanella le dio una forma concreta al concepto espiritual de la paternidad de Dios en la imagen del Corazón de Jesús que representa el amor infinito del Padre para con todos sus hijos. Es un corazón nuevo, purísimo, santísimo, resucitado y luminoso. Jesús procede del Corazón del Padre y en la comunión con el Espíritu Santo nos dona la verdad, su vida como única luz para nuestra vida.

     

    En la espiritualidad guanelliana, mientras se valora el aspecto devocional popular del Sagrado Corazón,  se contempla vivamente en Él y de manera visible, el amor tierno y amoroso del Padre que es el Dios de la vida, que se anticipa a las necesidades del hijo dilecto, que se conmueve por el hijo enfermo y alejado, que se alegra por el hijo encontrado. El Sagrado Corazón reina en todas nuestras casas guanellanas y es fuente copiosa de bendiciones y lluvia constante de Providencia;  es la manifestación de la misma infinita caridad de Dios que dona su amor al hombre para hacerlo capaz de amar.

     

    En mi saludo por esta Solemnidad, a modo de reflexión, les ofrezco también algunos párrafos del documento papal “Misericordiae vultus”.

     

    “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre…. En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios (MV n.1)

     

    Exclama Don Guanella: “¡Santísima caridad de mi Dios! Una gotita del afecto del Corazón de Jesús que entra en el corazón de un cristiano, lo hace mucho más amable. Tu Corazón, oh Jesús, que es la fuente del santo amor,  está tan lleno de amor!” (“Nel mese del fervore”, Opera Omnia, Vol. I, pág. 1169)

     

    El Corazón de Cristo “es un corazón de padre que no puede abandonar a su hijo, sino anhela socorrerlo” (Idem 1174, 1177).

     

    “Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. « Dios es amor » (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión” (MV n. 8)

     

    Muchas veces se afirma en la literatura de nuestra Congregación, que el Corazón de Jesús es un corazón de padre un corazón humano que se volvió un verdadero corazón de Dios, con el cual nos ama como Padre, que se conmueve, llora, se regocija y confía en sus hijos, hasta los más alejados.

     

    “Jesús, ante la multitud de personas que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde lo profundo del corazón una intensa compasión por ellas (cfr Mt 9,36). A causa de este amor compasivo curó los enfermos que le presentaban (cfr Mt 14,14) y con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt 15,37). Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: «Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo» (Mc 5,19) (MV n. 8)

     

    “En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr  Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona (Idem n.9)

     

    En el pensamiento y en la vida de Don Guanella hay también un corazón de madre. Ocupa un lugar especial la Virgen María: aún siendo creatura de Dios, fue elegida por Él como su Esposa para ser Padre en el tiempo: Dios que era ya Padre en la Trinidad por la generación eterna del Verbo, por medio de María es Padre de todos nosotros también en el tiempo. En la grandeza infinita de Dios hay un rostro, un corazón humano bien definido, el de Jesús de Nazaret; podemos imaginar que Dios comenzó a ser hombre al ritmo de otro corazón, a sufrir y a regocijarse con las dificultades y alegrías de un corazón de madre.

     

    El Corazón de Jesús y el corazón de su Madre estuvieron muy juntos y latieron al mismo ritmo del amor puro, ya en los nueve meses de gestación. Dios Padre elige el camino de la misericordia, de la humillación para mostrar su omnipotencia y, por medio de la maternidad de María y su corazón inmaculado, dispone todo en su Providencia para realizar su plan de amor y salvación en el tiempo. “El corazón de María es inflamado por el amor al corazón de Jesús. El corazón de María es un hierro que, colocado en un horno, ya no se distingue del fuego que lo envuelve todo. ¡Admirable prodigio!” (O Padre O Madre, Opera Omnia, Vol. I, p. 123)

     

    Para Don Guanella, María es la creatura a la cual Dios altísimo aplicó los méritos de su Unigénito Jesucristo; preparó ese corazón de mujer y de mamá para que pudiese abrazar con ternura al Hijo de Dios.

     

    “María Virgen y Madre podía decir: ‘no soy yo la que vive, sino que Jesús vive en mí’. Y a su vez Jesús, por la intima unión hipostática decía: ‘yo vivo, pero no soy yo que vive, es mi Madre que vive por mi’” (“Nel mese dei fiori”, Opera Omnia Vol. I, pág. 943) “En el corazón de María tuvo inicio y luego la propagación del Evangelio de Jesucristo” (Idem pág. 1036)

     

    “El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor. Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre por el amor del Padre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús (MV n. 24)

     

    Don Guanella siempre alimentó su fe en el misterio del amor de Dios Padre ante el Sagrado Corazón de Jesús y la Madre de la Divina Providencia que “abraza a su divino Hijo envuelto en una copioso manto y se lo aprieta amorosamente al corazón y lo contempla con dos ojos maravillados por la divina alegría que la inunda” (LDP nov. De 1895, p. 306).

     

    Queridos cohermanos, unidos por la renovación de los Votos religiosos en la Solemnidad del Sagrado Corazón, como un hierro incandescente por el fuego, seamos un solo corazón inflamado por el amor de Dios, amparados también por el inmaculado corazón de nuestra Madre del Cielo que nos abraza y nos protege de todo mal: así podemos tener un corazón nuevo y entonar un cántico nuevo.

     

    ¡FELICIDADES!

     

    Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

    Viernes 12 de junio de 2015

     

    P. Carlos Blanchoud

    Padre Provincial

     

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