• 150 AÑOS DE RESPLANDOR DE LA ESPADA DE FUEGO

    EN EL MINISTERIO SANTO

    Estimados cohermanos, celebrando los 150 años de la Ordenación Sacerdotal de San Luis Guanella, les propongo la siguiente lectura sobre los primeros meses del resplandor de la “espada de fuego”. Extraigo un material del curso que hicimos en Italia tiempo atrás, entre otros, uno de don Scibetta.

     

    En este Año de la Misericordia recordamos como el 26 de mayo de 1866, Don Luis Guanella fue ordenado sacerdote y al mismo tiempo fue revestido de la Bondad divina para ser misericordioso con el Pueblo de Dios.

     

    En su corazón ardía un incendio de amor. Unos días antes había escrito, entre otros, este propósito: “Quiero ser una espada de fuego en el ministerio santo”

     

    Don Leonardo Mazzucchi transcribe las memorias de Don Guanella: “El 26 de mayo de 1866, había grande revuelta en la ciudad de Como por los distintos acontecimientos del deseado renacimiento de Italia. Eran numerosos los garibaldinos, los cuales osaban entrar en las iglesias para profanarlas. El seminario tuvo que ser desocupado por los clérigos para darlo a los soldados. Los diez alumnos del cuarto año de teología se congregaron para los ejercicios espirituales en el palacio episcopal. Recuerdo como si fuese hoy, la imponente majestad del Obispo Frascolla que ordenaba, las exhortaciones de fuego que nos dirigió a todos, las tiernas recomendaciones que nos dio después de habernos dado el beso de la paz. Por este beneficio insigne de la sagrada Ordenación, es más profundo en nosotros el afecto de la gratitud filial”  (L. Mazzucchi: La vita, lo spirito e le opere di don Luigi Guanella).

     

    El Clérigo Luis Guanella recibió el Subdiaconado el 23 de diciembre de 1865 en la iglesia del Seminario Teológico de Como, de manos de Mons. Bernardino Frascolla, Obispo de Foggia, que estaba en el exilio y apartado de su diócesis por el poder político; fue ordenado Diácono en la misma iglesia el 24 de febrero de 1866 y Sacerdote el 26 de mayo del mismo año, en la capilla San Miguel Arcángel del palacio episcopal de Mons. Frascolla.

     

    Sus primeros pasos como sacerdote tuvieron un ministerio vivido pastoralmente, como padre y responsable de almas en un ámbito parroquial y diocesano, como los demás sacerdotes, junto al Obispo que es el primer pastor.

     

    Don Guanella comienza a ser sacerdote en un período histórico en el que se vive con mucho desaliento, debido al rápido cambio de la realidad socio-económica y cultural, y la falta de un modelo nuevo de sacerdote y de pastoral. Hay lindos ejemplos, intuiciones y experiencias personales que se abren al futuro, pero aún son muy aislados, mientras la Iglesia en su conjunto no pone en discusión la formación sacerdotal y el trabajo pastoral.

     

    Solamente después, en los años 80 y 90, comenzará a surgir un nuevo modelo de presbítero que mantendrá un poco los rasgos antiguos: el sacerdote es el consejero, el hombre de confianza para sus parroquianos con los que compartirá mejor la vida cotidiana. Aparecerán novedades en el ministerio presbiteral, abriéndose a roles civiles y sociales como la enseñanza, la asistencia a los pobres, la evangelización y promoción humana en todos los niveles. Se vive una nueva primavera en la Iglesia en la que, iluminados por la Rerum Novarum, se mira con más atención al hombre en el contexto social. Los llamados a presidir la comunidad comienzan a moverse en esta dirección y Don Guanella es un pionero. “Joven sacerdote que, apenas salido del seminario, tiene aún en la superficie la imagen antigua del oficio y de la misión, pero en profundidad ya tiene el brote del sacerdote nuevo, el ministro de la caridad, que no tardará tanto en romper la tierra, para germinar y crecer” (P. Pellegrini)

     

    El entusiasmo que desde los años de seminario vibraba dentro de él, crecerá en intensidad en la vigilia de su Ordenación cuando desde el seminario, escribiendo a Don Adamini, le confiará: “…también yo estoy ando riendas sueltas a la fantasía en cuanto a mi futuro”.

     

    Comenzó a saborear las primicias de su sacerdocio en Prosto de Piuro al principio y después en Savogno donde como joven presbítero fue enviado por la obediencia; después de estos 9 años de ministerio pastoral seguirá un trienio de espera y discernimiento junto a Don Bosco.

     

    Fueron años marcados por un sacerdocio activo, años en los cuales el joven dedicó sus más frescas energías; años que revelan un metal precioso, aún rústico, que espera la prueba para ser refinado y aparecer en todo su esplendor: una auténtica obra de arte de Dios.

     

    Prosto, un pueblito apenas fuera de Chiavenna, recibió al nuevo sacerdote con gran entusiasmo y apertura de ánimo, como era costumbre de los habitantes de ese valle, y fue justamente en medio de ellos, en el día de Corpus Cristi, que celebró solemnemente la primera Misa. Don Guanella lo narra: “La primera Misa fue celebrada con el júbilo del pueblo y con patriarcal hospitalidad del reverendísimo arcipreste”.

     

    Tanto el ambiente como el rostro de la gente no le eran desconocidos porque periódicamente, entre ellos ya ejercitaba su ministerio diaconal, con el derecho del beneficio teologal que había obtenido antes de la ordenación como Subdiácono, gracias a su tío Don Gaudenzio Bianchi y de los primos Don Lorenzo y Don Antonio Buzzetti. Ellos, conociendo las pocas posibilidades económicas de la familia, se propusieron conseguirle el beneficio, como ayuda; Don Guanella lo conservó hasta la muerte pero dejó esa colaboración para la parroquia de Prosto. Con motivo de este beneficio, el joven quiso celebrar su primera Misa en esa parroquia y no en su pueblo natal, rodeado por el afecto de los fieles y de sus familiares venidos de Fraciscio. Don Guanella demostró su entusiasmo juvenil para beneficio de los demás, en el Diaconado, y así escribe: “En las siguientes vacaciones comencé cada domingo la explicación del Evangelio al pueblo, el catecismo a los chicos, siguiendo así hasta llegar a la primera Misa”. Residiendo aún en la casa paterna de Fraciscio, hacía 20 Km. por un camino rústico para ir a Prosto y alguna vez, volviendo tarde, pasaba la noche donde se guardaba el heno para los animales (lo llamaba “hotel fenarolo”) para no molestar a la familia.

     

    Su acción apostólica en este pequeño centro de la Valchiavenna tuvo tonos más intensos como vicario parroquial: “… junto a los enfermos pobres lo mejor que podía, asistiéndolos con mucho afecto. En el invierno iniciaba la escuela nocturna para los jovencitos y adultos, comenzando con el servicio en la Misa y las actividades corales” (Los caminos de la Prov.). Se cuenta que tanto era su celo para enseñar el catecismo, que daba una catequesis personalizada donde había necesidad. Su incansable y entusiasta celo apostólico provocaba satisfacción y gusto en los en los parroquianos de Prosto.

     

    Podemos notar como también ahora siendo sacerdote, (ya se veía en la infancia y en el seminario), permanece, con nuevas tonalidades, su particular sensibilidad hacia los pobres y necesitados, para los cuales daba lo mejor de sí. Esta especial preocupación por los necesitados favoreció los contactos con Don Bosco: “En este primer año el canónigo teólogo, habiendo obtenido un lugar para un jovencito discapacitado del pueblo, comenzó su primer viaje a Turín, que luego fueron dos o tres más cada año, hasta que él mismo se quedó provisoriamente junto a Don Bosco y al Cottolengo” (Los caminos de la Prov.).

     

    Sus primeros pasos en el ministerio le abrieron los horizontes de la meta a la cual dirigirse: el cuidado de los pobres; las sucesivas experiencias le indicarán luego los medios y el camino para alcanzarla.

     

    Su total entrega en el apostolado, denotaba en él un cierto temperamento de inquietud que no combinaba con el de su arcipreste Don Del Curto con el cual tenía que compartir la actividad ministerial: “era inquieto, veía solo trabajo sobre trabajo, y esto no concordaba con el carácter serio y tranquilo del señor arcipreste” (Los caminos de la Prov.)

     

    Don Guanella no descuidó los medios para su perseverancia: Un guía espiritual, el constante estudio y la confianza en Dios.

     

    Don del Curto lo cuidaba como un padre y moderaba su entusiasmo juvenil. Don Guanella permaneció en Prosto como coadjutor hasta la primavera del año siguiente, cuando fue enviado a Savogno en calidad de ecónomo espiritual.

     

    En la primera etapa de su sacerdocio podemos señalar las siguientes características, como obras de misericordia que pueden iluminarnos en este año jubilar:

     

    • un cuidado atento hacia las personas, dándoles el alimento de la divina Palabra,

     

    • una caridad que lo acercaba a los enfermos, ofreciéndoles una ayuda también material,

     

    • una paterna solicitud para con los pobres y afligidos,

     

    • una previdente atención en la administración de los sacramentos,

     

    • una firme constancia en la evangelización e instrucción de las personas con poca cultura,

     

    • un infatigable ardor en formar a los jóvenes para la vida cristiana y en instruirlos sobre la doctrina de la fe,

     

    • un especial cuidado de las vocaciones que Dios suscitaba en su pequeña grey.

     

    Don Guanella, desde sus primeros días de sacerdocio fue un hombre de oración y de Iglesia, testigo de la presencia de Dios y de la fuerza de su amor, hombre del consejo y del discernimiento. El joven sacerdote Guanella soportó las pruebas y adversidades y su tenaz voluntad no alteró su profunda sensibilidad y bondad natural, su amor a Dios y a los demás, porque tenía un corazón ardiente de caridad. Hoy su sacerdocio no es una pieza de museo o un piadoso recuerdo, sino el modelo de celo apostólico para nosotros, sus discípulos Sacerdotes y Hermanos, que nos ponemos al servicio de las necesidades del mundo de hoy con la santa Madre Iglesia.

     

    Ya el Capítulo general nos invitaba a ser “padres espirituales” en medio de nuestra gente y esta actitud puede ser la mejor obra de misericordia como respuesta a la misericordia que Dios Padre ha tenido para con nosotros.

     

    Es el augurio que les hago, queridos hermanos, mientras estamos tan felices recordando la Ordenación Sacerdotal de nuestro santo Fundador.

     

    P. Carlos Blanchoud

    Padre Provincial

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